Una lubina puede conocer Perú. Un bonito, Japón. Una albóndiga, el tamarindo. Partimos de productos que reconoces y los cocinamos con lo que hemos aprendido fuera.
La curiosidad está en una técnica, en una salsa, en ese último gesto. Después, todo vuelve al mismo sitio: platos al centro y una conversación que se alarga.